jueves, 27 de diciembre de 2007

ESCUCHAR

Es fundamental para bailar, que escuchemos la música y podamos movernos en consecuencia, pero... empecemos por el principio.
Ante todo hay características biológicas básicas y comunes que posibilitan el oir. Por un lado, un oído sano que pueda llevar a cabo el proceso de audición. De esta manera, lo que llamamos oreja (el pabellón auditivo) capta las ondas sonoras que se transmiten a través del conducto auditivo hasta el tímpano. El tímpano es una membrana que vibra ante esa estimulación trasmitiéndola a la cadena de huesecillos (martillo, yunque y estribo) que amplifican el sonido y lo transmiten al oído interno a través de la ventana oval. Finalmente las vibraciones movilizan los líquidos presentes en la cóclea, modificando las celulas ciliadas existentes en el interior. Estas células transforman las ondas sonoras en impulsos eléctricos que llegan al nervio auditivo y de este nervio, los impulsos se trasmiten a la corteza auditiva que es el órgano encargado de interpretarlos como sonidos. Un proceso muchos más complejo de lo que habitualmente creemos, realizado en un tiempo mínimo que consideramos en los hechos como instantáneo.
Por otra parte, dentro de estos aspectos físicos, debemos mencionar los umbrales de audición que tienen que ver con el volumen (intensidad) del sonido y también con la altura (frecuencia) del mismo. Todo lo que está dentro de los umbrales de percepción humana, es captable para un oído sano, mediante el proceso que ya hemos mencionado. Hasta aquí (cumpliendo esos requisitos) estaríamos oyendo. Pero hay una diferencia vital entre oir y escuchar. Es decir, más allá de la física del sonido (entendido según diferentes modelos, que en general toman la teoría de ondas como base) y el aspecto fisiológico y biológico del proceso, la audición humana implica aristas psicológicas, derivadas del acto consciente de escuchar un sonido.
Todo esto nos hace pensar, que hay siempre una base corporal, una encarnación sensible de la música en el cuerpo de los oyentes de vital importancia. Es necesario entonces recuperar ese cuerpo sensible, primera base necesaria para una escucha. Esto es la base biológica, pero también emotiva que hay que poder revindicar y disfrutar en cualquier aproximación a la música. De alguna forma, el cuerpo del oyente, es una caja de resonancia, donde se ponen en juego sensaciones, experiencias previas y muchas variables más. Por eso es importante en una escucha que se logren unir en ese compromiso subjetivo, el cerebro o lo algorítmico racional, con lo afectivo emocional y lo corporal.

4 comentarios:

Gregor dijo...

Bueno chicas, ahora saben que no son "solo cuerpos"... son solo "cajas de resonancia"...

Anónimo dijo...

CHO NO ECUCHO NADA! Y BAILO IGUAL!

CHAU PIBES!

G.

Anónimo dijo...

JAJAJAJAJAJAJAJA!!!!! Es cierto. Cuando volvés?! Te extrañamos!!!

Anónimo dijo...

LO QUE PACHA ES QUE ME OPERE DE HERNIA Y CADA CONTRAPACHO QUE HAGO CHE ME CHALEN LOS PUNTOS!

CHO TAMBIEN LOS EXTRAÑO!

G.